Temperatura alta
Hubiese dicho hace una semana que Fountains of Wayne estaban algo perdidos tras la publicación de su último disco ‘Traffic and Weather’ (el tráfico y el tiempo es lo que más preocupa a los neoyorkinos y lo que más se oye en la radio), pero hace una semana no los había visto en directo.
Empecemos por el principio. El problema no es ‘Traffic and Weather’ sino ‘Welcome Interstate Maganers’, el anterior álbum de estos neoyorkinos que todavía hoy sigue pinchándose en las emisoras norteamericanas a pesar de ser publicado en el 2003. Mexican Wine, Stacy’s Mom, Hackensack o Hey Julie son algunas de las perlas con las que Fountains of Wayne dieron forma a ‘Welcome Interstate Maganers’ y, claro, dejaron el pabellón casi por las nubes, en ese rara avis que se niega a envejecer de power pop y country. Puede que por eso los chicos de Fountains of Wayne se tomasen cuatro años para sacar ‘Traffic and Weather’. Tal y como habían avisado, hiciesen lo que hiciesen la gente seguiría pidiéndoles Stacy’s Mom como si no existiese otra cosa en la vida.
Con éstas, decidieron intentar dar algún paso diferente en ‘Traffic and Weather’. Todo el mundo esperaba el nuevo álbum. Y a servidor, sinceramente, le ha dejado frío, aunque diversas publicaciones lo han acogido calurosamente. Los neoyorkinos han coqueteado con la electrónica sin mucho atino medio difuminándose a no se sabe dónde, mientras la estela que dejaban sus guitarras aparece a cuentagotas y los tiempos lentos pierden profundidad. Hay tímidos momentos en los que siguen sonando por alguna de sus pistas ecos de los Beatles o los Beach Boys, pero es un disco al que le falta la clave que tiene ‘Welcome Interstate Maganers’.
Sin embargo, en directo la clave reluce intacta. Después de lo visto la pasada semana, Fountains of Wayne están muy lejos de perder el norte. Al revés. Lo que no se encuentra en su último disco brilla con luz propia sobre el escenario. Había visto a Fountains of Wayne en el 2004 en dos ocasiones y ya dieron muestras de un directo buenísimo. Pero lo del otro día, en la presentación de ‘Traffic and Weather’ en el Webster Hall de Greenwich Village, fue superior.
Con retransmisión en directo de una emisora de radio, los Fountains of Wayne aumentaron aún más su crédito. Parece que estos chicos se han dedicado en este tiempo a pulir su presentación en vivo. Sobre el escenario, su pop es redondo. Cuando se arrancan en tropel pueden subir la adrenalina de un muerto. Los temas de ‘Traffic and Weather’ sonaron más vivos que en estudio, gracias en parte a la sección de viento sacada de la escuela de música de Nueva York, que acompañó a la banda sobre el escenario. El single Someone to love es un buen ejemplo de esto, cuando en su versión en directo es un trallazo.
El secreto que lleva a los Fountains of Wayne a ser una de las mejores formaciones de pop de la actualidad reside en la pareja formada por Adam Schlesinger y Chris Collingwood. Ambos no sólo se compenetran a la perfección sino que además comparten el mismo sentido por la búsqueda de la melodía perfecta. Pero gran parte de la culpa la tiene también Jody Porter, guitarrista que antes estuvo en el grupo londinense The Belltower y que imprime un sello incuestionable. Porter, que parece el Keith Richards de la banda neoyorkina, es un amante del rock-pop británico de finales de los sesenta y, emulando a Pete Townshend, acabó en los bises destrozando una guitarra contra el suelo. No estaba en el guión, como se comprobó ante el estupefacto silencio del público y la cara impagable de Collingwood, que terminó pidiendo a la gente que se animase a comprar sus discos para pagar una guitarra nueva.
Pero, con una guitarra menos y un disco que parece más flojo que los anteriores, Fountains of Wayne siguen siendo una de las grandes referencias del pop de ahora.
Pero lo cierto es que Malin ya no es un cantante en solitario recién salido del huevo. De hecho, a la espera de que Ryan Adams salga de la deriva en la que anda metido, el alumno ha superado al maestro o, mejor dicho, el amigo Malin es capaz de ofrecer en estos momentos un material más jugoso que el amigo Adams. Así, el disco, “Glitter in the gutter“, representa la madurez de Jesse Malin.
Puede que sean menos los que conozcan a este neoyorkino, amante del pop sesentero, que los que se sepan de carrerilla la lista de los reyes visigodos que habitaron la Península Ibérica.
Heyman ofreció dos horas de concierto acompañado de su banda, donde destaca la presencia como segunda voz de su mujer Nancy, y el grupo de violines que sirvió para enriquecer los detalles de sus canciones. Repasó todos sus discos y dio buena cuenta de algunos de los mejores temas que forman ‘Actual Sighs’, como A Fine Line, Stockpile, Special Love o Kenyon Walls, delicias de power-pop a la altura de la mejor tradición neoyorkina. Pero el alma de Heyman está empapada de las radiantes armonías de folk y pop de los Byrds o Big Star mientras su corazón palpita en la gloriosa invasión británica, que más allá de los Beatles estuvo protagonizada por los Kinks, Who o Zombies. La mezcla es explosiva cuando su ritmo cardíaco se entrega a guitarras limpias, contundentes golpes de batería, inteligentes juegos de voces con violines y órganos dándose la mano.
Un joven Martin Scorsese sabía muy bien lo que se hacía cuando para su afilada película ‘Malas calles’ (Mean Streets) utilizó el tema de las Ronettes, Be My Baby, como cierre final de su paseo nocturno por las calles de Nueva York. Phil Spector había producido esa grabación apabullante que en los créditos finales de ‘Malas calles’ sacudía aún más el alma y encogía el cuerpo.
Be My Baby sirvió para colocar a Las Ronettes en lo más alto de las listas y situar a Phil Spector a la altura de los más grandes cuidadores del sonido. El propio Brian Wilson, que con los Beach Boys forjaría espléndidos momentos de producción, quedó prendado del tema. La canción tiene el encanto perfecto, desde el principio se mete de lleno y es una explosión de arreglos que se revuelven por dentro de uno. Es, sencillamente, marca de la casa Spector. Bruce Springsteen no paró hasta que sus epopeyas de rock´n´roll dieron a parar con la E Street Band a ese muro de sonido en ‘Born to Run’
Con apenas capacidad para 300 personas, ese local era estrecho como pocos con una larga barra a la derecha y un apretujado escenario al fondo. El CBGB guardaba un irrepetible muestrario de graffitis y pegatinas que cubría todo el garito de arriba a abajo. Tan famoso como su nombre eran sus baños, graffiteados a conciencia sin dejar un hueco a salvo. Esos retretes, rodeados de ese desorden colorido e ilustrativo, llegaron a convertirse en símbolo de la anarquía que reinó durante los años más locos del local. Cada grupo o cantante que pasaba por allí dejaba siempre su firma en la pared. No había impedimentos.
Puede que sea pertinente comenzar esta andadura recuperando una lista musical que hace un par de semanas publicó la revista Time Out New York. Conocida popularmente como TONY, la revista se ha lanzado a la piscina con la lista de los cincuenta músicos más grandes de la historia de la ciudad de Nueva York.