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	<pubDate>Sat, 07 Jul 2007 19:37:21 +0000</pubDate>
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		<title>Música callejera</title>
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		<pubDate>Sat, 07 Jul 2007 19:37:21 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fernando Navarro</dc:creator>
		
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		<description><![CDATA[<p align="justify">Con el buen tiempo, Nueva York es un hervidero de estas cosas. Es imposible cansarse. &#160;</p>
<p align="center">Union Square</p>
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		<title>Gogol Bordello</title>
		<link>http://soundsofnewyorkcity.blog.com/2007/06/30/gogol-bordello/</link>
		<comments>http://soundsofnewyorkcity.blog.com/2007/06/30/gogol-bordello/#comments</comments>
		<pubDate>Sat, 30 Jun 2007 00:56:16 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fernando Navarro</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[ipod]]></category>

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		<description><![CDATA[<p align="justify">El Lower East Side es todavía una mezcla de razas y credos que desprende a diario su original energía caótica y magnética, propia de su historia de remiendos. Bajo las azoteas de esos antiguos edificios de ladrillo que nunca terminan de venirse abajo, aún duermen los mismos inquilinos de alas de barro. Aquellos refugiados judíos que eran mayoría y los numerosos polacos, rusos y alemanes que les rondaban han ido a menos por el impulso acelerado del acento latino. Con lo que queda de unos y lo que traen los otros, el Lower East Side todavía evoca algo especial, manteniéndose casi incorruptible con su sonido gitano.</p>
<p align="justify"><img align="left" width="273" src="http://amadeo.blog.com/repository/443123/2138550.jpg" height="227" style="width: 273px; height: 227px" />La quintaesencia musical del Lower East Side sólo tiene un nombre: <a href="http://www.gogolbordello.com/">Gogol Bordello</a>. Esta banda, a medio camino entre el cabaret y el rock, está formada por dos rusos, uno tocando el acordeón y otro el violín; un israelí, al bajo; un estadounidense a la batería; dos tailandesas que ponen el baile y un ucraniano que dirige el cotarro a la vez que canta. Este último se llama Eugene Hutz y destaca por ser el <i>frontman</i> del grupo, además de por su vigoroso bigote. Su cara puede ser familiar por la película "Todo está iluminado", de Liev Schreiber, donde Hutz hace el papel del chico que guía al protagonista, Elijah Wood.</p>
<p align="justify">Según el propio Hutz, la música de Gogol Bordello es gipsy punk. Un sonido que, por lo que dicen sus protagonistas, se acerca al músico inmigrante, al viajero con mezcla en sus venas. De algo de esto sabe el propio Hutz que pasó varios años viajando como refugiado ucraniano por Polonia, Hungría, Austria e Italia antes de asentarse en Nueva York a principios de los noventa. Por las calles del Lower East Side, Hutz paseaba hechizado por la música gitana, el folk europeo y el reggae, pero bajo el brazo podía llevar sin problemas los discos The Stooges, una de sus bandas de cabecera. Tras liar a un grupo de desamparados como él, nació Gogol Bordello.</p>
<p align="justify"><img align="right" width="202" src="http://amadeo.blog.com/repository/443123/2138551.jpg" height="164" style="width: 202px; height: 164px" />La banda empezó tocando en celebraciones de bodas rusas, a medida que el conglomerado intentaba dar forma a su sonido bizarro con letras que se cantaban en cuatro idiomas (inglés, español, ucraniano e italiano). Sin embargo, su reputación ganó fuerza por Hurtz. Con su bigote a cuestas, el ucraniano pinchaba música todos los jueves en uno de los locales de moda del Downtown, donde se daba salida a estilos tan dispares como flamenco, dub, reggae o rai. De vez en cuando, sonaba algo de Gogol Bordello.</p>
<p align="justify">Ahora, la banda es un auténtico grupo de culto en Nueva York. Su legión de fieles seguidores no falla nunca. Habla de ellos una tarde de altos humos en Tompkins Square o en mitad del fuego nocturno de Bowery y a más de uno se le iluminará la cara. Sus lazos se extienden también por Europa. Si se compara con Manu Chao y su Radio Bemba Sound System, Gogol Bordello son el pecado original, aunque, todo sea dicho, versionan temas de Mano Negra. De sus abrasivos directos ya corre una leyenda, entre el surrealismo y el desmadre. En su sonido bastardo explosionan The Clash, The Stooges, Peter Tosh o el Tom Waits más pasado de rosca con el legado gitano y folklórico europeo. Esto puede comprobarse en su mejor trabajo hasta la fecha ‘Gipsy Punks: Underdog World strike'. No hace falta decir que son políticamente incorrectos. Y todo un circo.</p>
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<p align="justify">El Lower East Side es todavía una mezcla de razas y credos que desprende a diario su original energía caótica y magnética, propia de su historia de remiendos. Bajo las azoteas de esos antiguos edificios de ladrillo que nunca terminan de venirse abajo, aún duermen los mismos inquilinos de alas de barro. Aquellos refugiados judíos que eran mayoría y los numerosos polacos, rusos y alemanes que les rondaban han ido a menos por el impulso acelerado del acento latino. Con lo que queda de unos y lo que traen los otros, el Lower East Side todavía evoca algo especial, manteniéndose casi incorruptible con su sonido gitano.</p>
<p align="justify"><img align="left" width="273" src="http://amadeo.blog.com/repository/443123/2138550.jpg" height="227" style="width: 273px; height: 227px" />La quintaesencia musical del Lower East Side sólo tiene un nombre: <a href="http://www.gogolbordello.com/">Gogol Bordello</a>. Esta banda, a medio camino entre el cabaret y el rock, está formada por dos rusos, uno tocando el acordeón y otro el violín; un israelí, al bajo; un estadounidense a la batería; dos tailandesas que ponen el baile y un ucraniano que dirige el cotarro a la vez que canta. Este último se llama Eugene Hutz y destaca por ser el <i>frontman</i> del grupo, además de por su vigoroso bigote. Su cara puede ser familiar por la película &#8220;Todo está iluminado&#8221;, de Liev Schreiber, donde Hutz hace el papel del chico que guía al protagonista, Elijah Wood.</p>
<p align="justify">Según el propio Hutz, la música de Gogol Bordello es gipsy punk. Un sonido que, por lo que dicen sus protagonistas, se acerca al músico inmigrante, al viajero con mezcla en sus venas. De algo de esto sabe el propio Hutz que pasó varios años viajando como refugiado ucraniano por Polonia, Hungría, Austria e Italia antes de asentarse en Nueva York a principios de los noventa. Por las calles del Lower East Side, Hutz paseaba hechizado por la música gitana, el folk europeo y el reggae, pero bajo el brazo podía llevar sin problemas los discos The Stooges, una de sus bandas de cabecera. Tras liar a un grupo de desamparados como él, nació Gogol Bordello.</p>
<p align="justify"><img align="right" width="202" src="http://amadeo.blog.com/repository/443123/2138551.jpg" height="164" style="width: 202px; height: 164px" />La banda empezó tocando en celebraciones de bodas rusas, a medida que el conglomerado intentaba dar forma a su sonido bizarro con letras que se cantaban en cuatro idiomas (inglés, español, ucraniano e italiano). Sin embargo, su reputación ganó fuerza por Hurtz. Con su bigote a cuestas, el ucraniano pinchaba música todos los jueves en uno de los locales de moda del Downtown, donde se daba salida a estilos tan dispares como flamenco, dub, reggae o rai. De vez en cuando, sonaba algo de Gogol Bordello.</p>
<p align="justify">Ahora, la banda es un auténtico grupo de culto en Nueva York. Su legión de fieles seguidores no falla nunca. Habla de ellos una tarde de altos humos en Tompkins Square o en mitad del fuego nocturno de Bowery y a más de uno se le iluminará la cara. Sus lazos se extienden también por Europa. Si se compara con Manu Chao y su Radio Bemba Sound System, Gogol Bordello son el pecado original, aunque, todo sea dicho, versionan temas de Mano Negra. De sus abrasivos directos ya corre una leyenda, entre el surrealismo y el desmadre. En su sonido bastardo explosionan The Clash, The Stooges, Peter Tosh o el Tom Waits más pasado de rosca con el legado gitano y folklórico europeo. Esto puede comprobarse en su mejor trabajo hasta la fecha ‘Gipsy Punks: Underdog World strike&#8217;. No hace falta decir que son políticamente incorrectos. Y todo un circo.</p>
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		<title>Bobby&#8217;s Happy House</title>
		<link>http://soundsofnewyorkcity.blog.com/2007/06/22/bobbys-happy-house/</link>
		<comments>http://soundsofnewyorkcity.blog.com/2007/06/22/bobbys-happy-house/#comments</comments>
		<pubDate>Fri, 22 Jun 2007 07:11:48 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fernando Navarro</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Delicatessen]]></category>

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		<description><![CDATA[<p style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify" class="MsoNormal"><font size="3" face="book antiqua,palatino">El viejo Bobby Robinson está más sordo que una tapia y se mueve lento como una tortuga vestida de amarillo, pero merece todos los respetos. Es más: merece que le incluyan en el salón de la fama del Soul, el Rock’n’Roll o lo que sea. Para decirlo sin tapujos: Bobby Robinson es una leyenda de antesala de la música negra.</font></p>
<p style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify" class="MsoNormal"><font size="3" face="book antiqua,palatino">Robinson nació en Carolina del Sur pero se mudó a Nueva York a mediados de los cuarenta para abrir su tienda de discos en el corazón de Harlem. <i>Bobby’s Happy House</i>, antes llamada <i>Bobby’s Record Shop</i>, se encuentra localizada en la calle 125, esquina con Frederick Douglass Boulevard. Una tienda que sirvió como refugio y lanzadera del soul neoyorkino y que ahora se erige diminuta y estrafalaria en un Harlem que cada año es un poco menos negro y pasto de especuladores, inversores y rentistas.</font></p>
<p style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify" class="MsoNormal">&#160;</p>
<div style="text-align: center"><font size="3" face="book antiqua,palatino"><img src="http://amadeo.blog.com/repository/443123/2091135.jpg" /></font></div>
<div style="text-align: center"><font size="3" face="book antiqua,palatino">Bobby Robinson en su tienda</font></div>
<div style="text-align: center"></div>
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<div style="text-align: center"></div>
<p style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify" class="MsoNormal"><font size="3" face="book antiqua,palatino">Desde la profunda alma negra del Harlem de los cincuenta, Robinson vendía discos de doo-wop y blues. Pero su labor más destacable siempre fue su apoyo incondicional a la difusión de la música soul, funk y el primer hip-hop en Nueva York, cuando pocos o ninguno daban un duro por muchos artistas que querían dar a conocer su obra.</font></p>
<p style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify" class="MsoNormal"><font size="3" face="book antiqua,palatino">Del tiempo que va de 1952 a 1962 y respaldado por su hermano, Robinson abrió cuatro sellos independientes para producir discos de cantantes y bandas negras. Al mando de Fire Records, contó en sus filas con Elmore James o Lightnin’ Hopkins. Otros nombres que pasaron por sus manos a la producción fueron The Shirelles, Lee Dorsey o Wilbert Harrison. Y en los setenta, su sello Fury Records lanzó a Grandmaster Flash, quintaesencia del hip hop neoyorkino.</font></p>
<p style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify" class="MsoNormal"><font size="3" face="book antiqua,palatino">Hoy, el viejo Bobby Robinson, con sus largas uñas como garras, parece una figura de cera en mitad de la ajetreada multitud neoyorkina. Y <i>Bobby’s Happy House</i>, que reabrió hace unos años después de ser cerrada por problemas legales, no puede competir con <i>Virgin Records</i>, <i>Barnes &#38; Noble</i> o la venta online. Es como pedirle al abuelo que corra tanto como el nieto deportista.</font></p>
<p style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify" class="MsoNormal"><font size="3" face="book antiqua,palatino"><img align="left" width="159" src="http://amadeo.blog.com/repository/443123/2088962.jpg" height="158" style="width: 159px; height: 158px" />No hay nada mejor que dejarse caer por ahí una mañana de domingo cuando el viejo Bobby está vestido de traje y corbata, como manda la tradición en Harlem. La casa feliz de Bobby apenas es más grande que una panadería. Al entrar, llama especialmente la atención la colección de fotografías que posee este anciano. En un tablón acristalado con colores de otra época, Robinson aparece retratado junto a figuras tales como Fats Domino, James Brown, Smokey Robinson o Solomon Burke. De aquellos maravillosos años, para coleccionistas, hay un disco dedicado al Mr. Robinson llamado 'El&#160;fuego y la furia'.</font></p>
<p style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify" class="MsoNormal"><font size="3" face="book antiqua,palatino">Las estanterías no sustentan más de 100 discos en total, que se muestran con las carátulas visibles, bien separados unos de otros. Para los buscadores de oro, esta tienda queda lejos de los catálogos que ofrecen las rutas de Greenwich Village y East Village, porque <i>Bobby’s Happy House</i> es como el bar de la esquina: ni tiene los mejores bocatas ni los más grandes, pero da gusto tomarse algo allí.</font></p>
<p style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify" class="MsoNormal"><font size="3" face="Times New Roman"><font face="book antiqua,palatino">En este caso, da gusto comprar un disco, aunque es difícil, sino imposible, consultarle al viejo Bobby. Nunca oye, y sale por la tangente. Eso sí, sabe arrimarse a las jóvenes muchachas con las que posa encantando para fotografías. Su ayudante, un tío muy jovial, está disponible para todo. Hará lo imposible por venderte el disco que buscas, dentro del escaso catálogo de la tienda. Pero escaso no es sinonino de falto de calidad. A las grandes colecciones de las mejores voces y bandas de soul, se unen auténticas joyas. De las veces que he estado en la casa del viejo Bobby Robinson, me he ido con estupendas colecciones de Bobby Womack o Solomon Burke o descubierto el soul de tintes funky del grupo Lost Generation. Me gustaría saber que artista es, para este anciano de noventa años, el mejor de los que ha conocido, pero el problema es que no oye, o directamente se hace el sordo.</font></font></p>

]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div>
<p style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify" class="MsoNormal"><font size="3" face="book antiqua,palatino">El viejo Bobby Robinson está más sordo que una tapia y se mueve lento como una tortuga vestida de amarillo, pero merece todos los respetos. Es más: merece que le incluyan en el salón de la fama del Soul, el Rock’n’Roll o lo que sea. Para decirlo sin tapujos: Bobby Robinson es una leyenda de antesala de la música negra.</font></p>
<p style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify" class="MsoNormal"><font size="3" face="book antiqua,palatino">Robinson nació en Carolina del Sur pero se mudó a Nueva York a mediados de los cuarenta para abrir su tienda de discos en el corazón de Harlem. <i>Bobby’s Happy House</i>, antes llamada <i>Bobby’s Record Shop</i>, se encuentra localizada en la calle 125, esquina con Frederick Douglass Boulevard. Una tienda que sirvió como refugio y lanzadera del soul neoyorkino y que ahora se erige diminuta y estrafalaria en un Harlem que cada año es un poco menos negro y pasto de especuladores, inversores y rentistas.</font></p>
<p style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify" class="MsoNormal">&#160;</p>
<div style="text-align: center"><font size="3" face="book antiqua,palatino"><img src="http://amadeo.blog.com/repository/443123/2091135.jpg" /></font></div>
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<div style="text-align: center"></div>
<p style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify" class="MsoNormal"><font size="3" face="book antiqua,palatino">Desde la profunda alma negra del Harlem de los cincuenta, Robinson vendía discos de doo-wop y blues. Pero su labor más destacable siempre fue su apoyo incondicional a la difusión de la música soul, funk y el primer hip-hop en Nueva York, cuando pocos o ninguno daban un duro por muchos artistas que querían dar a conocer su obra.</font></p>
<p style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify" class="MsoNormal"><font size="3" face="book antiqua,palatino">Del tiempo que va de 1952 a 1962 y respaldado por su hermano, Robinson abrió cuatro sellos independientes para producir discos de cantantes y bandas negras. Al mando de Fire Records, contó en sus filas con Elmore James o Lightnin’ Hopkins. Otros nombres que pasaron por sus manos a la producción fueron The Shirelles, Lee Dorsey o Wilbert Harrison. Y en los setenta, su sello Fury Records lanzó a Grandmaster Flash, quintaesencia del hip hop neoyorkino.</font></p>
<p style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify" class="MsoNormal"><font size="3" face="book antiqua,palatino">Hoy, el viejo Bobby Robinson, con sus largas uñas como garras, parece una figura de cera en mitad de la ajetreada multitud neoyorkina. Y <i>Bobby’s Happy House</i>, que reabrió hace unos años después de ser cerrada por problemas legales, no puede competir con <i>Virgin Records</i>, <i>Barnes &amp; Noble</i> o la venta online. Es como pedirle al abuelo que corra tanto como el nieto deportista.</font></p>
<p style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify" class="MsoNormal"><font size="3" face="book antiqua,palatino"><img align="left" width="159" src="http://amadeo.blog.com/repository/443123/2088962.jpg" height="158" style="width: 159px; height: 158px" />No hay nada mejor que dejarse caer por ahí una mañana de domingo cuando el viejo Bobby está vestido de traje y corbata, como manda la tradición en Harlem. La casa feliz de Bobby apenas es más grande que una panadería. Al entrar, llama especialmente la atención la colección de fotografías que posee este anciano. En un tablón acristalado con colores de otra época, Robinson aparece retratado junto a figuras tales como Fats Domino, James Brown, Smokey Robinson o Solomon Burke. De aquellos maravillosos años, para coleccionistas, hay un disco dedicado al Mr. Robinson llamado &#8216;El&#160;fuego y la furia&#8217;.</font></p>
<p style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify" class="MsoNormal"><font size="3" face="book antiqua,palatino">Las estanterías no sustentan más de 100 discos en total, que se muestran con las carátulas visibles, bien separados unos de otros. Para los buscadores de oro, esta tienda queda lejos de los catálogos que ofrecen las rutas de Greenwich Village y East Village, porque <i>Bobby’s Happy House</i> es como el bar de la esquina: ni tiene los mejores bocatas ni los más grandes, pero da gusto tomarse algo allí.</font></p>
<p style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify" class="MsoNormal"><font size="3" face="Times New Roman"><font face="book antiqua,palatino">En este caso, da gusto comprar un disco, aunque es difícil, sino imposible, consultarle al viejo Bobby. Nunca oye, y sale por la tangente. Eso sí, sabe arrimarse a las jóvenes muchachas con las que posa encantando para fotografías. Su ayudante, un tío muy jovial, está disponible para todo. Hará lo imposible por venderte el disco que buscas, dentro del escaso catálogo de la tienda. Pero escaso no es sinonino de falto de calidad. A las grandes colecciones de las mejores voces y bandas de soul, se unen auténticas joyas. De las veces que he estado en la casa del viejo Bobby Robinson, me he ido con estupendas colecciones de Bobby Womack o Solomon Burke o descubierto el soul de tintes funky del grupo Lost Generation. Me gustaría saber que artista es, para este anciano de noventa años, el mejor de los que ha conocido, pero el problema es que no oye, o directamente se hace el sordo.</font></font></p>
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		<title>White Rabbits</title>
		<link>http://soundsofnewyorkcity.blog.com/2007/06/15/white-rabbits/</link>
		<comments>http://soundsofnewyorkcity.blog.com/2007/06/15/white-rabbits/#comments</comments>
		<pubDate>Fri, 15 Jun 2007 16:30:03 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fernando Navarro</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[ipod]]></category>

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		<description><![CDATA[<p align="justify">Acaban de sacar su primer álbum y crítica y público están con ellos. No puede ser de otra forma. <a href="http://www.myspace.com/whiterabbits">White Rabbits</a> apuntan alto. Esta banda, que llegó a Nueva York procedente de Columbia, Missouri, reúne suficientes cualidades como para hacer algo importante más allá de la inquieta escena neoyorkina.</p>
<p align="justify"><img align="right" src="http://amadeo.blog.com/repository/443123/2087177.jpg" />White Rabbits lo forman seis tíos que parece que se llevan de maravilla y muestran el equilibrio perfecto para hacer que el conjunto funcione como la gran banda que aspiran ser. Y, personalmente, apuesto a que podrán alcanzar algunas de sus metas, a poco que sigan la misma línea que acaban de marcar y tengan un poco de suerte.</p>
<p align="justify">Lo primero que hicieron estos conejos blancos cuando llegaron a Nueva York fue alquilar un loft en Bushwick, un vecindario al este de Williamsburg, Brooklyn. El enorme piso sirve de centro de operaciones de la banda. El primer suelo está repleto de instrumentos, entre ellos un piano y dos baterías, y lo preside un cartel de Hank Williams, mientras en el segundo nivel se apiñan las camas de los seis conejos.</p>
<p align="justify">Las influencias de White Rabbits son tan variadas que es difícil concretar una por encima de las demás, aunque se les compara con los Walkman, a mí me suenan más a The Specials o The Style Council. Ellos mismos presumen de su gusto ecléctico, porque la idea de la banda es plasmar las diferentes pasiones de sus seis miembros. Testimonio de este abanico de sonidos es su largo <i>Fort Nightly</i>, que recorre el post-punk americano, el indie rock de los noventa, el ska, el calypso e incluso el Afro-beat. Todo bajo dos perfiles: el festivo y el épico. Pueden llegar a hacer del garito una danza de espectros. Como anécdota apuntar que en algunos temas suenan tres baterías simultáneamente.</p>
<p align="justify">Los White Rabbits ahora están presentando su nuevo disco por Reino Unido, después de una pequeña gira americana. Seguro que es el comienzo de algo importante, porque apostar por ellos es garantía de salir ganando.</p>
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<p align="justify">Acaban de sacar su primer álbum y crítica y público están con ellos. No puede ser de otra forma. <a href="http://www.myspace.com/whiterabbits">White Rabbits</a> apuntan alto. Esta banda, que llegó a Nueva York procedente de Columbia, Missouri, reúne suficientes cualidades como para hacer algo importante más allá de la inquieta escena neoyorkina.</p>
<p align="justify"><img align="right" src="http://amadeo.blog.com/repository/443123/2087177.jpg" />White Rabbits lo forman seis tíos que parece que se llevan de maravilla y muestran el equilibrio perfecto para hacer que el conjunto funcione como la gran banda que aspiran ser. Y, personalmente, apuesto a que podrán alcanzar algunas de sus metas, a poco que sigan la misma línea que acaban de marcar y tengan un poco de suerte.</p>
<p align="justify">Lo primero que hicieron estos conejos blancos cuando llegaron a Nueva York fue alquilar un loft en Bushwick, un vecindario al este de Williamsburg, Brooklyn. El enorme piso sirve de centro de operaciones de la banda. El primer suelo está repleto de instrumentos, entre ellos un piano y dos baterías, y lo preside un cartel de Hank Williams, mientras en el segundo nivel se apiñan las camas de los seis conejos.</p>
<p align="justify">Las influencias de White Rabbits son tan variadas que es difícil concretar una por encima de las demás, aunque se les compara con los Walkman, a mí me suenan más a The Specials o The Style Council. Ellos mismos presumen de su gusto ecléctico, porque la idea de la banda es plasmar las diferentes pasiones de sus seis miembros. Testimonio de este abanico de sonidos es su largo <i>Fort Nightly</i>, que recorre el post-punk americano, el indie rock de los noventa, el ska, el calypso e incluso el Afro-beat. Todo bajo dos perfiles: el festivo y el épico. Pueden llegar a hacer del garito una danza de espectros. Como anécdota apuntar que en algunos temas suenan tres baterías simultáneamente.</p>
<p align="justify">Los White Rabbits ahora están presentando su nuevo disco por Reino Unido, después de una pequeña gira americana. Seguro que es el comienzo de algo importante, porque apostar por ellos es garantía de salir ganando.</p>
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		<title>Jukebox</title>
		<link>http://soundsofnewyorkcity.blog.com/2007/06/11/jukebox/</link>
		<comments>http://soundsofnewyorkcity.blog.com/2007/06/11/jukebox/#comments</comments>
		<pubDate>Mon, 11 Jun 2007 05:44:35 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fernando Navarro</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Delicatessen]]></category>

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		<description><![CDATA[<p align="justify">Tengo un amigo que tiene uno en su piso de Madrid, en pleno barrio de Embajadores. Me muero de la envidia. Cuando estoy en su casa, me quedo pasmado como un bobo. No puedo remediarlo.</p>
<p align="justify">En Nueva York es una maravilla porque casi todos los bares tienen&#160;uno. Por un dólar, cuatro canciones. Bien es cierto que cada vez triunfan más los digitales. Yo me quedo con los de la generación anterior. De cualquier manera, la variedad musical que se esconde en cada aparato de estos es siempre esplendorosa. Puedes pasarte horas buscando discos, seleccionando canciones.</p>
<p align="justify">El otro día en el&#160;East Village vi como una chica, después de besar a su novio, le dijo que se iba al baño y se fue en realidad a pinchar la canción que más le gustaba a su pareja. El tío brincó de un salto. Los dos iban bastante borrachos, pero hicieron del tema de los Mooney Suzuki su particular redención. Bailaron hasta quemar las suelas de las All-Star.</p>
<p align="justify">El jukebox merece una oda. Sin este aparato, el rock´n´roll no sería lo mismo. No sería ni tan divertido ni tan variado.</p>
<div style="text-align: center"><img src="http://amadeo.blog.com/repository/443123/2074678.jpg" /></div>
<div style="text-align: center">Jukebox de un bar de Brooklyn cuyo nombre no puedo acordarme</div>
<div style="text-align: center"></div>
<div style="text-align: center"></div>

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			<content:encoded><![CDATA[<div>
<p align="justify">Tengo un amigo que tiene uno en su piso de Madrid, en pleno barrio de Embajadores. Me muero de la envidia. Cuando estoy en su casa, me quedo pasmado como un bobo. No puedo remediarlo.</p>
<p align="justify">En Nueva York es una maravilla porque casi todos los bares tienen&#160;uno. Por un dólar, cuatro canciones. Bien es cierto que cada vez triunfan más los digitales. Yo me quedo con los de la generación anterior. De cualquier manera, la variedad musical que se esconde en cada aparato de estos es siempre esplendorosa. Puedes pasarte horas buscando discos, seleccionando canciones.</p>
<p align="justify">El otro día en el&#160;East Village vi como una chica, después de besar a su novio, le dijo que se iba al baño y se fue en realidad a pinchar la canción que más le gustaba a su pareja. El tío brincó de un salto. Los dos iban bastante borrachos, pero hicieron del tema de los Mooney Suzuki su particular redención. Bailaron hasta quemar las suelas de las All-Star.</p>
<p align="justify">El jukebox merece una oda. Sin este aparato, el rock´n´roll no sería lo mismo. No sería ni tan divertido ni tan variado.</p>
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		<title>My Teenage Stride</title>
		<link>http://soundsofnewyorkcity.blog.com/2007/06/02/my-teenage-stride/</link>
		<comments>http://soundsofnewyorkcity.blog.com/2007/06/02/my-teenage-stride/#comments</comments>
		<pubDate>Sat, 02 Jun 2007 03:19:09 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fernando Navarro</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[ipod]]></category>

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		<description><![CDATA[<p align="justify">Apunten bien este nombre los aficionados al pop en sus cuadernos supersónicos: <a href="http://www.myteenagestride.com/">My Teenage Stride</a>. Esta banda neoyorkina, gestada en Massachusetts, es una de las sensaciones del momento. Están empezando y la verdad que no tienen casi nada de tirón, pero ya están haciéndose un pequeño hueco en la escena de la costa Este y en los locales alternativos de la Gran Manzana. El disco ‘Ears like golden bats', que acaba de ser editado, supone uno de los más bellos debuts neoyorkinos del año.</p>
<p align="justify"><img align="left" width="185" src="http://amadeo.blog.com/repository/443123/2048971.jpg" height="167" style="width: 185px; height: 167px" />My Teenage Stride han florecido de la nostalgia popera de los ochenta. El <i>frontman</i> de la banda, Jed Smith, entiende el pop de aquella época más allá de una pose y ropas al vestir. Smith y el resto del grupo tienen una premisa: una buena canción es una buena canción sin necesidad de grandes acompañamientos. La expresión de sus temas, por tanto, destaca por su aparente sencillez y fragilidad.</p>
<p align="justify">Escuchando algunas pistas de ‘Ears like golden bats', la primera comparación que viene a la cabeza es la de Go-Betweens. No podía ser de otra forma si My Teenage Stride saborean cada pequeño haz de sonido que dejó una de las bandas de culto de los ochenta. Pero en sus composiciones también se reconocen algunos toques de la ironía dylaniana o a la Velvet Underground más melosa.</p>
<p align="justify">Un grupo a tener en cuenta, que reivindica el material de los ochenta que a veces más se olvida: las canciones, envueltas en suaves sonidos, para ser degustadas como caramelos.</p>
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<p align="justify">Apunten bien este nombre los aficionados al pop en sus cuadernos supersónicos: <a href="http://www.myteenagestride.com/">My Teenage Stride</a>. Esta banda neoyorkina, gestada en Massachusetts, es una de las sensaciones del momento. Están empezando y la verdad que no tienen casi nada de tirón, pero ya están haciéndose un pequeño hueco en la escena de la costa Este y en los locales alternativos de la Gran Manzana. El disco ‘Ears like golden bats&#8217;, que acaba de ser editado, supone uno de los más bellos debuts neoyorkinos del año.</p>
<p align="justify"><img align="left" width="185" src="http://amadeo.blog.com/repository/443123/2048971.jpg" height="167" style="width: 185px; height: 167px" />My Teenage Stride han florecido de la nostalgia popera de los ochenta. El <i>frontman</i> de la banda, Jed Smith, entiende el pop de aquella época más allá de una pose y ropas al vestir. Smith y el resto del grupo tienen una premisa: una buena canción es una buena canción sin necesidad de grandes acompañamientos. La expresión de sus temas, por tanto, destaca por su aparente sencillez y fragilidad.</p>
<p align="justify">Escuchando algunas pistas de ‘Ears like golden bats&#8217;, la primera comparación que viene a la cabeza es la de Go-Betweens. No podía ser de otra forma si My Teenage Stride saborean cada pequeño haz de sonido que dejó una de las bandas de culto de los ochenta. Pero en sus composiciones también se reconocen algunos toques de la ironía dylaniana o a la Velvet Underground más melosa.</p>
<p align="justify">Un grupo a tener en cuenta, que reivindica el material de los ochenta que a veces más se olvida: las canciones, envueltas en suaves sonidos, para ser degustadas como caramelos.</p>
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		<title>El increíble irlandés</title>
		<link>http://soundsofnewyorkcity.blog.com/2007/05/28/el-increible-irlandes/</link>
		<comments>http://soundsofnewyorkcity.blog.com/2007/05/28/el-increible-irlandes/#comments</comments>
		<pubDate>Mon, 28 May 2007 00:40:42 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fernando Navarro</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[live]]></category>

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		<description><![CDATA[<p align="justify">Hubo un tiempo que Nueva York tuvo más irlandeses que la propia Dublín. Todavía hoy, los irlandeses son parte importante de esta ciudad. Sin ir más lejos, uno de los tres restaurantes que se disputan el trono por ser el más antiguo de Nueva York es de origen irlandés. Con su madera pulida y sus viejos taburetes, <em>Pete's Tavern</em> descansa desde 1864 en el distrito de Gramercy. Aún más, por las calles de esta ciudad todavía suena con verdadero orgullo "Fairytale of New York"<em>,</em> esa extraña serenata navideña que The Pogues regalaron impregnada de toda su mística. Pero el irlandés de moda en Nueva York, y posiblemente en el mundo entero, se llama Damien Rice, y tocó esta semana en el Radio City Music Hall, ante una audiencia que salió convencida de que este chico vale su peso en oro.</p>
<p align="justify"><img align="left" width="199" src="http://amadeo.blog.com/repository/443123/2032641.jpg" height="241" style="width: 199px; height: 241px" />Realmente, poco importa lo que pese Damien Rice mientras mantenga intacta la capacidad de emocionar. En un primer momento pensé que este irlandés era más un producto que un artista, dentro de este negocio de compra-venta donde se necesita sacar nuevas tendencias y nuevas caras. Pero por suerte la realidad me ha demostrado lo contrario. Los dos discos de Rice son muy buenos, pero su directo es espectacular.</p>
<p align="justify">Alternándose al piano, a la guitarra acústica y al órgano, Rice es de ese tipo de artistas que posee el talento suficiente para darse a cualquier formato. Es un poco como el increíble Hulk. Sobre un escenario oscuro, sentado al piano o con la guitarra bajo un solitario foco de luz, presenta una extraordinaria delicadeza, un lado tierno de cantautor naïf que recuerda tanto al primer Dylan o como a Cat Stevens. Una muestra sea "Cannonball", que tocó a capela,&#160;o precisamente su tema "Delicate", que el irlandés, con su gran tacto al piano, interpretó con un elevado sentido de la balada. En cambio, sobre un escenario iluminado, acompañado por una banda donde hay guitarra, batería, violoncelo y tambores, Rice se transforma, cantando con urgencia, distorsionando el sonido hacia un camino de experimentación de ritmos pesados, cercano al rock duro, pero de una ejecución tremenda. "Rootless Tree", "Me, My Joke, and I", "Coconut Skins" se tocaron por este sendero de alto voltaje. Esta metamorfosis fascinante no sólo se da entre canciones, sino que puede producirse a velocidad de vértigo cuando el cantante empieza el tema al órgano para a los pocos minutos agarrar repentinamente la guitarra y poner al pabellón patas arriba.</p>
<p align="justify">El público adora a Damien Rice. Decía Janis Joplin que cada vez que se subía a un escenario hacía el amor con miles de personas a la vez. Rice, al menos, parece que se tira a alguna fan del sector femenino. Son las que confunden el placer con los gritos, dejándose la voz en el concierto, mostrando que son multiorgásmicas, cuando el resto preferiríamos que fueran en más de una ocasión sencillamente impotentes.</p>
<p align="justify">Aún con esa parte escandalosa de público, escuchar a Damien Rice en directo es una de las mejores propuestas del panorama musical actual. Una garantía este increíble irlandés.</p>

]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div>
<p align="justify">Hubo un tiempo que Nueva York tuvo más irlandeses que la propia Dublín. Todavía hoy, los irlandeses son parte importante de esta ciudad. Sin ir más lejos, uno de los tres restaurantes que se disputan el trono por ser el más antiguo de Nueva York es de origen irlandés. Con su madera pulida y sus viejos taburetes, <em>Pete&#8217;s Tavern</em> descansa desde 1864 en el distrito de Gramercy. Aún más, por las calles de esta ciudad todavía suena con verdadero orgullo &#8220;Fairytale of New York&#8221;<em>,</em> esa extraña serenata navideña que The Pogues regalaron impregnada de toda su mística. Pero el irlandés de moda en Nueva York, y posiblemente en el mundo entero, se llama Damien Rice, y tocó esta semana en el Radio City Music Hall, ante una audiencia que salió convencida de que este chico vale su peso en oro.</p>
<p align="justify"><img align="left" width="199" src="http://amadeo.blog.com/repository/443123/2032641.jpg" height="241" style="width: 199px; height: 241px" />Realmente, poco importa lo que pese Damien Rice mientras mantenga intacta la capacidad de emocionar. En un primer momento pensé que este irlandés era más un producto que un artista, dentro de este negocio de compra-venta donde se necesita sacar nuevas tendencias y nuevas caras. Pero por suerte la realidad me ha demostrado lo contrario. Los dos discos de Rice son muy buenos, pero su directo es espectacular.</p>
<p align="justify">Alternándose al piano, a la guitarra acústica y al órgano, Rice es de ese tipo de artistas que posee el talento suficiente para darse a cualquier formato. Es un poco como el increíble Hulk. Sobre un escenario oscuro, sentado al piano o con la guitarra bajo un solitario foco de luz, presenta una extraordinaria delicadeza, un lado tierno de cantautor naïf que recuerda tanto al primer Dylan o como a Cat Stevens. Una muestra sea &#8220;Cannonball&#8221;, que tocó a capela,&#160;o precisamente su tema &#8220;Delicate&#8221;, que el irlandés, con su gran tacto al piano, interpretó con un elevado sentido de la balada. En cambio, sobre un escenario iluminado, acompañado por una banda donde hay guitarra, batería, violoncelo y tambores, Rice se transforma, cantando con urgencia, distorsionando el sonido hacia un camino de experimentación de ritmos pesados, cercano al rock duro, pero de una ejecución tremenda. &#8220;Rootless Tree&#8221;, &#8220;Me, My Joke, and I&#8221;, &#8220;Coconut Skins&#8221; se tocaron por este sendero de alto voltaje. Esta metamorfosis fascinante no sólo se da entre canciones, sino que puede producirse a velocidad de vértigo cuando el cantante empieza el tema al órgano para a los pocos minutos agarrar repentinamente la guitarra y poner al pabellón patas arriba.</p>
<p align="justify">El público adora a Damien Rice. Decía Janis Joplin que cada vez que se subía a un escenario hacía el amor con miles de personas a la vez. Rice, al menos, parece que se tira a alguna fan del sector femenino. Son las que confunden el placer con los gritos, dejándose la voz en el concierto, mostrando que son multiorgásmicas, cuando el resto preferiríamos que fueran en más de una ocasión sencillamente impotentes.</p>
<p align="justify">Aún con esa parte escandalosa de público, escuchar a Damien Rice en directo es una de las mejores propuestas del panorama musical actual. Una garantía este increíble irlandés.</p>
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		<title>Au Revoir Simone</title>
		<link>http://soundsofnewyorkcity.blog.com/2007/05/21/au-revoir-simone/</link>
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		<pubDate>Mon, 21 May 2007 05:54:25 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fernando Navarro</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[ipod]]></category>

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		<description><![CDATA[<p align="justify"><img align="right" width="241" src="http://amadeo.blog.com/repository/443123/2011718.jpg" height="168" />Arranco con la idea de intentar desgranar, de vez en cuando y en la medida que sea posible, el actual Ipod neoyorkino. Tarea más que difícil en esta ciudad que rebosa de grupos y cantantes, y donde las modas son tan variadas y desaparecen de un día para otro. Lo hago con un grupo que reconozco que queda algo lejos de mis pasiones pero cuya música poco a poco va teniendo su hueco en el respetable neoyorkino. Entre ellos, nada más y nada menos que David Lynch.</p>
<p align="justify">El director de ‘El hombre elefante', ‘Terciopelo azul' o ‘Carretera perdida' asegura categóricamente que es el mayor fan de <a href="http://aurevoirsimone.com/">Au Revoir Simone</a>, un trío de féminas de Brooklyn que acaban de publicar su segundo álbum, <i>The Bird of Music.</i></p>
<p align="justify">Salidas de la incombustible escena de Williamsburg, Au Revoir Simone está formado por Erika Forster, Heather D'Angelo y Annie Hart, tres mujeres que coinciden en su gusto por los sonidos del electro punk. Au Revoir Simone siguen la senda que en Nueva York abrió Suicide, una de esas bandas que se escriben con letra pequeña pero cuya aportación bien es conocida por los círculos de músicos más veteranos. Suicide fueron la disonancia de la explosión neoyorkina de finales de los setenta que surgió en el CBGB.</p>
<p align="justify"><img align="left" width="273" src="http://amadeo.blog.com/repository/443123/2011717.jpg" height="169" style="width: 273px; height: 169px" />Como a Alan Vega y Martin Rev, los teclados es lo que pone a este combo femenino. Los teclados dentro de una tejida atmósfera eléctrica y de sintetizadores. Así en su más reciente <i>The Bird of Music</i> a veces juegan a ser los Beach Boys de <i>Pet Sounds</i> y otras el David Bowie más minimalista. Es un ambiente fijado en el detalle. Au Revoir Simone se profesan, asimismo, fans de Bjork, Bee Gees y Belle and Sebastian.</p>
<p align="justify">Acaban de girar por Estados Unidos con Peter, Bjorn and John y por Europa lo harán en junio con Voxtrot. Todavía están dándose a conocer. El primer álbum publicado en el 2005 fue sólo un mini disco. Aún así, en Japón ha levantando una especie de fiebre y ya se habla del fenómeno Au Revoir Simone. Siempre después de David Lynch, que según contó a la revista MOJO, se encontraba en el Barnes &#38; Noble de la calle 23 cuando se encontró con estas chicas y juntos se fueron a pasar una tarde a Union Square. Allí, al contrario de lo que pueda parecer en un principio, el que hacía las preguntas era David Lynch, pues para algo es el fan número uno de Au Revoir Simone.</p>

]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div>
<p align="justify"><img align="right" width="241" src="http://amadeo.blog.com/repository/443123/2011718.jpg" height="168" />Arranco con la idea de intentar desgranar, de vez en cuando y en la medida que sea posible, el actual Ipod neoyorkino. Tarea más que difícil en esta ciudad que rebosa de grupos y cantantes, y donde las modas son tan variadas y desaparecen de un día para otro. Lo hago con un grupo que reconozco que queda algo lejos de mis pasiones pero cuya música poco a poco va teniendo su hueco en el respetable neoyorkino. Entre ellos, nada más y nada menos que David Lynch.</p>
<p align="justify">El director de ‘El hombre elefante&#8217;, ‘Terciopelo azul&#8217; o ‘Carretera perdida&#8217; asegura categóricamente que es el mayor fan de <a href="http://aurevoirsimone.com/">Au Revoir Simone</a>, un trío de féminas de Brooklyn que acaban de publicar su segundo álbum, <i>The Bird of Music.</i></p>
<p align="justify">Salidas de la incombustible escena de Williamsburg, Au Revoir Simone está formado por Erika Forster, Heather D&#8217;Angelo y Annie Hart, tres mujeres que coinciden en su gusto por los sonidos del electro punk. Au Revoir Simone siguen la senda que en Nueva York abrió Suicide, una de esas bandas que se escriben con letra pequeña pero cuya aportación bien es conocida por los círculos de músicos más veteranos. Suicide fueron la disonancia de la explosión neoyorkina de finales de los setenta que surgió en el CBGB.</p>
<p align="justify"><img align="left" width="273" src="http://amadeo.blog.com/repository/443123/2011717.jpg" height="169" style="width: 273px; height: 169px" />Como a Alan Vega y Martin Rev, los teclados es lo que pone a este combo femenino. Los teclados dentro de una tejida atmósfera eléctrica y de sintetizadores. Así en su más reciente <i>The Bird of Music</i> a veces juegan a ser los Beach Boys de <i>Pet Sounds</i> y otras el David Bowie más minimalista. Es un ambiente fijado en el detalle. Au Revoir Simone se profesan, asimismo, fans de Bjork, Bee Gees y Belle and Sebastian.</p>
<p align="justify">Acaban de girar por Estados Unidos con Peter, Bjorn and John y por Europa lo harán en junio con Voxtrot. Todavía están dándose a conocer. El primer álbum publicado en el 2005 fue sólo un mini disco. Aún así, en Japón ha levantando una especie de fiebre y ya se habla del fenómeno Au Revoir Simone. Siempre después de David Lynch, que según contó a la revista MOJO, se encontraba en el Barnes &amp; Noble de la calle 23 cuando se encontró con estas chicas y juntos se fueron a pasar una tarde a Union Square. Allí, al contrario de lo que pueda parecer en un principio, el que hacía las preguntas era David Lynch, pues para algo es el fan número uno de Au Revoir Simone.</p>
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		</item>
		<item>
		<title>Desmontando al clarinete</title>
		<link>http://soundsofnewyorkcity.blog.com/2007/05/15/desmontando-al-clarinete/</link>
		<comments>http://soundsofnewyorkcity.blog.com/2007/05/15/desmontando-al-clarinete/#comments</comments>
		<pubDate>Tue, 15 May 2007 05:05:16 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fernando Navarro</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[live]]></category>

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		<description><![CDATA[<i>"Soy lo suficientemente feo y lo suficientemente bajo como para triunfar por mí mismo" Woody Allen dixit.</i>
<p align="justify"><img align="right" width="193" src="http://amadeo.blog.com/repository/443123/1991544.jpg" height="173" style="width: 193px; height: 173px" />Ya se sabe, el mismo hombre que considera el cerebro como su segundo órgano favorito y que fue declarado por el ejército inutilísimo, tanto que si hubiera una guerra sólo serviría de rehén, es el clarinete de una banda de jazz, que cada semana toca en Nueva York, agotando las entradas con meses de antelación.</p>
<p align="justify">Enclavado en una de las zonas más prestigiosas del Upper East Side, el lujoso Café Carlyle se ha convertido en el nuevo refugio neoyorkino de Woody Allen y sus chicos de la New Orleáns Jazz Band, un grupo formado en su mayoría por joviales ancianos que le dan a la trompeta, el contrabajo, el piano, la tuba y el banjo. En cada actuación, unos y otros exponen su repertorio de jazz clásico con algún tinte folk para una reducida audiencia que no supera las 150 personas, sentadas a mesa y mantel en un precioso salón, donde los camareros tratan al personal como si fueran ministros.</p>
<p align="justify">Impulsado por la adoración al hombrecillo de las gafas de pasta y dispuesto a dejarse los cuartos, siempre hay alguno, como este escribiente, que se cuela, como la semana pasada, con su cara sonriente y su paso ligero en mitad de este público propio de un guión del mismo Woody Allen. Entre pajaritas y corbatas, muchos de los comensales, con una media de edad que no baja de los sesenta años, van acompañados de bellas mujeres, que no suben de los treinta y cinco. Alguna mesa huele a chamusquina y en todas, sin duda, lo que parece que no falta es el dinero.</p>
<p align="justify">Pero aún con ese ambiente de relumbrón, Woody Allen es cualquier cosa menos una rock star. Es rigurosamente sencillo. Tal vez, por eso, me impactó más cuando de repente pasó desapercibido y se sentó en la mesa que estaba a mi lado. Parecía como si hubiese saltado de la pantalla. Con su jersey amarillo mostaza y sus pantalones de pana marrones, el cineasta metido a músico habla moviendo las manos e inspira una rara familiaridad. Como diría él mismo, más que una estrella lo que parece es un agujero negro.</p>
<p align="justify">Sobre el escenario, la banda se pone a tocar mientras Woody Allen empieza a quitarse el jersey. Sigue un método; primero un brazo, luego el otro, finalmente la prenda sale por la cabeza. A un tío abuelo que tuve le llevaba sus cuarenta segundos el deshacerse del jersey de esta forma, a Woody Allen le lleva algo más de un minuto. Ante la mirada expectante del respetable, saca unos <i>clinex</i> y, antes de coger el clarinete, se suena la nariz. Una acción que repetirá varias veces a lo largo del concierto.</p>
<p align="justify"><img align="left" width="190" src="http://amadeo.blog.com/repository/443123/1991543.jpg" height="278" />Desde el principio, hay algo que queda claro: todo el mundo parece formar parte de la fiesta menos Woody Allen. Se muestra tremendamente tímido, sin casi mirar al público que tiene a dos palmos. Después de tocar, agacha la cabeza, que sigue el ritmo de la banda. Incluso cuando interpreta un solo y la audiencia rompe a aplaudir, su gesto es torcido con una mirada ensimismada en las partituras y desprendiendo la sensación de que algo ha salido mal. Y alguna vez, todo sea dicho, sale mal, porque el diminuto Allen está falto de pulmones aunque radia una extraña sutileza al tocar el clarinete. Si la música es el espejo del alma, Allen parece que va a romperse. El resto de la banda se lo pasa en grande, aplaudiéndose entre ellos y lanzándose risas, mientras el protagonista apenas sonríe, cabizbajo y rodeado a saber por qué pensamientos.</p>
<p align="justify">New Orleáns Jazz Band podrían pasar por ese grupo de amigos de avanzada edad que se reúnen a diario en una cafetería neoyorkina para charlar y meterse los unos con los otros. Igual intentan descifrar el alma humana como se cuentan sus batallitas sexuales. Con las piernas siempre cruzadas, Allen, a veces, habla al oído con alguno de sus compañeros mientras los demás siguen tocando. Cuando no da la sensación de estar confesándose a los viejos zorros, el pequeño hombre mueve la cabeza repetidamente, ajeno al jolgorio de los otros, sujetando el clarinete sobre las piernas como si fuera una cruz en procesión.</p>
<p align="justify">Cuando la banda abandona el escenario entre aplausos, Woody Allen se queda acompañado del banjo con el que se anima incluso a cantar débilmente. Todo llega a su fin con Allen desmontando su clarinete. El público está entregado. Vuelve a consumir al menos otro minuto en ponerse el jersey. Abandona la sala con la cabeza gacha, alisándose el poco pelo con un tímido ‘thank you'.</p>
<p align="justify">Sinceramente, un genio de los de toda la vida, o el típico hombre que no teme a la muerte, con la salvedad de que no le gustaría estar allí cuando suceda.</p>

]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div><i>&#8220;Soy lo suficientemente feo y lo suficientemente bajo como para triunfar por mí mismo&#8221; Woody Allen dixit.</i></p>
<p align="justify"><img align="right" width="193" src="http://amadeo.blog.com/repository/443123/1991544.jpg" height="173" style="width: 193px; height: 173px" />Ya se sabe, el mismo hombre que considera el cerebro como su segundo órgano favorito y que fue declarado por el ejército inutilísimo, tanto que si hubiera una guerra sólo serviría de rehén, es el clarinete de una banda de jazz, que cada semana toca en Nueva York, agotando las entradas con meses de antelación.</p>
<p align="justify">Enclavado en una de las zonas más prestigiosas del Upper East Side, el lujoso Café Carlyle se ha convertido en el nuevo refugio neoyorkino de Woody Allen y sus chicos de la New Orleáns Jazz Band, un grupo formado en su mayoría por joviales ancianos que le dan a la trompeta, el contrabajo, el piano, la tuba y el banjo. En cada actuación, unos y otros exponen su repertorio de jazz clásico con algún tinte folk para una reducida audiencia que no supera las 150 personas, sentadas a mesa y mantel en un precioso salón, donde los camareros tratan al personal como si fueran ministros.</p>
<p align="justify">Impulsado por la adoración al hombrecillo de las gafas de pasta y dispuesto a dejarse los cuartos, siempre hay alguno, como este escribiente, que se cuela, como la semana pasada, con su cara sonriente y su paso ligero en mitad de este público propio de un guión del mismo Woody Allen. Entre pajaritas y corbatas, muchos de los comensales, con una media de edad que no baja de los sesenta años, van acompañados de bellas mujeres, que no suben de los treinta y cinco. Alguna mesa huele a chamusquina y en todas, sin duda, lo que parece que no falta es el dinero.</p>
<p align="justify">Pero aún con ese ambiente de relumbrón, Woody Allen es cualquier cosa menos una rock star. Es rigurosamente sencillo. Tal vez, por eso, me impactó más cuando de repente pasó desapercibido y se sentó en la mesa que estaba a mi lado. Parecía como si hubiese saltado de la pantalla. Con su jersey amarillo mostaza y sus pantalones de pana marrones, el cineasta metido a músico habla moviendo las manos e inspira una rara familiaridad. Como diría él mismo, más que una estrella lo que parece es un agujero negro.</p>
<p align="justify">Sobre el escenario, la banda se pone a tocar mientras Woody Allen empieza a quitarse el jersey. Sigue un método; primero un brazo, luego el otro, finalmente la prenda sale por la cabeza. A un tío abuelo que tuve le llevaba sus cuarenta segundos el deshacerse del jersey de esta forma, a Woody Allen le lleva algo más de un minuto. Ante la mirada expectante del respetable, saca unos <i>clinex</i> y, antes de coger el clarinete, se suena la nariz. Una acción que repetirá varias veces a lo largo del concierto.</p>
<p align="justify"><img align="left" width="190" src="http://amadeo.blog.com/repository/443123/1991543.jpg" height="278" />Desde el principio, hay algo que queda claro: todo el mundo parece formar parte de la fiesta menos Woody Allen. Se muestra tremendamente tímido, sin casi mirar al público que tiene a dos palmos. Después de tocar, agacha la cabeza, que sigue el ritmo de la banda. Incluso cuando interpreta un solo y la audiencia rompe a aplaudir, su gesto es torcido con una mirada ensimismada en las partituras y desprendiendo la sensación de que algo ha salido mal. Y alguna vez, todo sea dicho, sale mal, porque el diminuto Allen está falto de pulmones aunque radia una extraña sutileza al tocar el clarinete. Si la música es el espejo del alma, Allen parece que va a romperse. El resto de la banda se lo pasa en grande, aplaudiéndose entre ellos y lanzándose risas, mientras el protagonista apenas sonríe, cabizbajo y rodeado a saber por qué pensamientos.</p>
<p align="justify">New Orleáns Jazz Band podrían pasar por ese grupo de amigos de avanzada edad que se reúnen a diario en una cafetería neoyorkina para charlar y meterse los unos con los otros. Igual intentan descifrar el alma humana como se cuentan sus batallitas sexuales. Con las piernas siempre cruzadas, Allen, a veces, habla al oído con alguno de sus compañeros mientras los demás siguen tocando. Cuando no da la sensación de estar confesándose a los viejos zorros, el pequeño hombre mueve la cabeza repetidamente, ajeno al jolgorio de los otros, sujetando el clarinete sobre las piernas como si fuera una cruz en procesión.</p>
<p align="justify">Cuando la banda abandona el escenario entre aplausos, Woody Allen se queda acompañado del banjo con el que se anima incluso a cantar débilmente. Todo llega a su fin con Allen desmontando su clarinete. El público está entregado. Vuelve a consumir al menos otro minuto en ponerse el jersey. Abandona la sala con la cabeza gacha, alisándose el poco pelo con un tímido ‘thank you&#8217;.</p>
<p align="justify">Sinceramente, un genio de los de toda la vida, o el típico hombre que no teme a la muerte, con la salvedad de que no le gustaría estar allí cuando suceda.</p>
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		<title>Jersey boys</title>
		<link>http://soundsofnewyorkcity.blog.com/2007/05/09/jersey-boys/</link>
		<comments>http://soundsofnewyorkcity.blog.com/2007/05/09/jersey-boys/#comments</comments>
		<pubDate>Wed, 09 May 2007 23:54:27 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fernando Navarro</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[buzz]]></category>

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		<description><![CDATA[<p align="justify"><i><img align="left" src="http://amadeo.blog.com/repository/443123/1979052.jpg" />Jersey Boys</i> es uno de los musicales que más éxito está teniendo en Broadway desde hace un par de años. Sin ir más lejos, los premios Tony, conocidos como los ‘Oscar de Broadway', otorgaron el año pasado a <i>Jersey Boys</i> el premio de mejor musical de la temporada.</p>
<p align="justify"><i>Jersey Boys</i> cuenta la biografía de Frank Valli y su grupo los Four Seasons, que durante los años sesenta y setenta colocaron varios éxitos en los más altos puestos de la listas de ventas con su característico sonido doo-wop. Después de fallidos intentos, el cuarteto metió la cabeza a lo grande a principios de los sesenta con el single "Sherry", que llegó a número uno nacional. Frank Valli fue el alma mater de este cuarteto. Cuando el grupo se disolvió, Valli mantuvo una carrera en solitario irregular. En su currículo destaca, entre otras cosas, la aportación que hizo a la película "Grease" con el tema principal de título homónimo. Este acercamiento a la pantalla ha terminado por culminarse en los últimos años cuando ha aparecido en varias ocasiones en la serie de Los Soprano como uno de los capitanes de la mafia de Nueva York.</p>
<p align="justify">Pero quería llamar la atención en otro término. Como el propio título anuncia, la biografía musical de estos chicos se cultivó al otro lado del río Hudson, en el desconocido estado verde que se estira a la sombra neoyorkina; Nueva Jersey.</p>
<p align="justify">Está bien que sea Broadway el que haga un poco de justicia con <i>New Jersey</i>. Porque, veamos, Frank Sinatra, la voz, era de Hoboken, en mitad del mapa de Nueva Jersey y una ciudad en auge a la que ahora se mudan muchos neoyorkinos por la tranquilidad que se respira en sus calles. Y hoy nadie llena el Madison Square Garden durante más noches seguidas que Bruce Springsteen, natural de un pueblecito de Nueva Jersey y que, como él mismo dice en sus conciertos en el Madison, el señor Springsteen y el New York Times, sepan todos, viven al otro lado de la orilla. Sí, el <i>Times</i> se cocina cada día en Nueva Jersey.</p>
<p align="justify">Así que en este caso la justicia llega de la mano de los Four Seasons, un grupo del pop americano que durante mucho tiempo se debió a lo que algunos llamaron el sonido italomericano. Sonará a película de la mafia, pero la columna vertebral de los Four Seasons no sólo viene de inmigrantes italianos sino que además muchas de sus canciones fueron algunas de las primeras del rock en retratar con romanticismo la vida urbana blanca formada, especialmente, por las esperanzas y los fracasos de los jóvenes, entre ellos una mayoría italoamericana que dormía en Nueva Jersey. Esta lírica de tono épico más tarde sería utilizada por toda una escuela encabezada por el propio Springsteen.</p>
<p align="justify"><img align="right" width="256" src="http://amadeo.blog.com/repository/443123/1979066.jpg" height="198" style="width: 256px; height: 198px" />Sin padre ni madre, este sonido, que también tiene el nombre de <i>Jersey Shore</i>, bebió del R&#38;B blanco caracterizado por el tremendo uso de los teclados y una cuidada instrumentación. Los Four Seasons se mueven en un compás que gira en torno a un joven Van Morrison y las primeras grabaciones de los Beatles y la Motown. De ahí, que los primeros temas de los Four Seasons pidieran algún tipo de baile hasta que en los setenta se guiaron directos al ambiente disco.</p>
<p align="justify">Pero los Four Seasons destacan por su aportación a ese doo-wop blanco, cargado de romanticismo, sin ser muy descarado con el baile y sí con el aprecio a los instrumentos. Una particular ritmo que cautivó al mismo Lou Reed, poco antes de ponerse manos a la obra con la Velvet Underground. Según cuenta en un ensayo que escribió de música titulado "Desde el proscenio", él y Andy Warhol estaban fascinados con la repetición que se reconocía en las canciones de los Four Seasons como un concepto clave. Reed escribía: "Toda mente norteamericana debería conocer los tres últimos coros de batería de ‘Dawn', de los Four Seasons. Redobles a dos manos. Repetición. La repetición es tan fantástica... Reduciendo las cosas al chiste final. Lo cual es bonito."</p>
<p align="justify">Ese chiste final del que hicieron uso Four Seasons y que se deja oír en otra escala en los discos de la Velvet, repitiendo un camino que nunca ha dejado de ser transitado: la conexión entre Nueva York y Nueva Jersey.</p>

]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div>
<p align="justify"><i><img align="left" src="http://amadeo.blog.com/repository/443123/1979052.jpg" />Jersey Boys</i> es uno de los musicales que más éxito está teniendo en Broadway desde hace un par de años. Sin ir más lejos, los premios Tony, conocidos como los ‘Oscar de Broadway&#8217;, otorgaron el año pasado a <i>Jersey Boys</i> el premio de mejor musical de la temporada.</p>
<p align="justify"><i>Jersey Boys</i> cuenta la biografía de Frank Valli y su grupo los Four Seasons, que durante los años sesenta y setenta colocaron varios éxitos en los más altos puestos de la listas de ventas con su característico sonido doo-wop. Después de fallidos intentos, el cuarteto metió la cabeza a lo grande a principios de los sesenta con el single &#8220;Sherry&#8221;, que llegó a número uno nacional. Frank Valli fue el alma mater de este cuarteto. Cuando el grupo se disolvió, Valli mantuvo una carrera en solitario irregular. En su currículo destaca, entre otras cosas, la aportación que hizo a la película &#8220;Grease&#8221; con el tema principal de título homónimo. Este acercamiento a la pantalla ha terminado por culminarse en los últimos años cuando ha aparecido en varias ocasiones en la serie de Los Soprano como uno de los capitanes de la mafia de Nueva York.</p>
<p align="justify">Pero quería llamar la atención en otro término. Como el propio título anuncia, la biografía musical de estos chicos se cultivó al otro lado del río Hudson, en el desconocido estado verde que se estira a la sombra neoyorkina; Nueva Jersey.</p>
<p align="justify">Está bien que sea Broadway el que haga un poco de justicia con <i>New Jersey</i>. Porque, veamos, Frank Sinatra, la voz, era de Hoboken, en mitad del mapa de Nueva Jersey y una ciudad en auge a la que ahora se mudan muchos neoyorkinos por la tranquilidad que se respira en sus calles. Y hoy nadie llena el Madison Square Garden durante más noches seguidas que Bruce Springsteen, natural de un pueblecito de Nueva Jersey y que, como él mismo dice en sus conciertos en el Madison, el señor Springsteen y el New York Times, sepan todos, viven al otro lado de la orilla. Sí, el <i>Times</i> se cocina cada día en Nueva Jersey.</p>
<p align="justify">Así que en este caso la justicia llega de la mano de los Four Seasons, un grupo del pop americano que durante mucho tiempo se debió a lo que algunos llamaron el sonido italomericano. Sonará a película de la mafia, pero la columna vertebral de los Four Seasons no sólo viene de inmigrantes italianos sino que además muchas de sus canciones fueron algunas de las primeras del rock en retratar con romanticismo la vida urbana blanca formada, especialmente, por las esperanzas y los fracasos de los jóvenes, entre ellos una mayoría italoamericana que dormía en Nueva Jersey. Esta lírica de tono épico más tarde sería utilizada por toda una escuela encabezada por el propio Springsteen.</p>
<p align="justify"><img align="right" width="256" src="http://amadeo.blog.com/repository/443123/1979066.jpg" height="198" style="width: 256px; height: 198px" />Sin padre ni madre, este sonido, que también tiene el nombre de <i>Jersey Shore</i>, bebió del R&amp;B blanco caracterizado por el tremendo uso de los teclados y una cuidada instrumentación. Los Four Seasons se mueven en un compás que gira en torno a un joven Van Morrison y las primeras grabaciones de los Beatles y la Motown. De ahí, que los primeros temas de los Four Seasons pidieran algún tipo de baile hasta que en los setenta se guiaron directos al ambiente disco.</p>
<p align="justify">Pero los Four Seasons destacan por su aportación a ese doo-wop blanco, cargado de romanticismo, sin ser muy descarado con el baile y sí con el aprecio a los instrumentos. Una particular ritmo que cautivó al mismo Lou Reed, poco antes de ponerse manos a la obra con la Velvet Underground. Según cuenta en un ensayo que escribió de música titulado &#8220;Desde el proscenio&#8221;, él y Andy Warhol estaban fascinados con la repetición que se reconocía en las canciones de los Four Seasons como un concepto clave. Reed escribía: &#8220;Toda mente norteamericana debería conocer los tres últimos coros de batería de ‘Dawn&#8217;, de los Four Seasons. Redobles a dos manos. Repetición. La repetición es tan fantástica&#8230; Reduciendo las cosas al chiste final. Lo cual es bonito.&#8221;</p>
<p align="justify">Ese chiste final del que hicieron uso Four Seasons y que se deja oír en otra escala en los discos de la Velvet, repitiendo un camino que nunca ha dejado de ser transitado: la conexión entre Nueva York y Nueva Jersey.</p>
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