El increíble irlandés
Hubo un tiempo que Nueva York tuvo más irlandeses que la propia Dublín. Todavía hoy, los irlandeses son parte importante de esta ciudad. Sin ir más lejos, uno de los tres restaurantes que se disputan el trono por ser el más antiguo de Nueva York es de origen irlandés. Con su madera pulida y sus viejos taburetes, Pete's Tavern descansa desde 1864 en el distrito de Gramercy. Aún más, por las calles de esta ciudad todavía suena con verdadero orgullo "Fairytale of New York", esa extraña serenata navideña que The Pogues regalaron impregnada de toda su mística. Pero el irlandés de moda en Nueva York, y posiblemente en el mundo entero, se llama Damien Rice, y tocó esta semana en el Radio City Music Hall, ante una audiencia que salió convencida de que este chico vale su peso en oro.
Realmente, poco importa lo que pese Damien Rice mientras mantenga intacta la capacidad de emocionar. En un primer momento pensé que este irlandés era más un producto que un artista, dentro de este negocio de compra-venta donde se necesita sacar nuevas tendencias y nuevas caras. Pero por suerte la realidad me ha demostrado lo contrario. Los dos discos de Rice son muy buenos, pero su directo es espectacular.
Alternándose al piano, a la guitarra acústica y al órgano, Rice es de ese tipo de artistas que posee el talento suficiente para darse a cualquier formato. Es un poco como el increíble Hulk. Sobre un escenario oscuro, sentado al piano o con la guitarra bajo un solitario foco de luz, presenta una extraordinaria delicadeza, un lado tierno de cantautor naïf que recuerda tanto al primer Dylan o como a Cat Stevens. Una muestra sea "Cannonball", que tocó a capela, o precisamente su tema "Delicate", que el irlandés, con su gran tacto al piano, interpretó con un elevado sentido de la balada. En cambio, sobre un escenario iluminado, acompañado por una banda donde hay guitarra, batería, violoncelo y tambores, Rice se transforma, cantando con urgencia, distorsionando el sonido hacia un camino de experimentación de ritmos pesados, cercano al rock duro, pero de una ejecución tremenda. "Rootless Tree", "Me, My Joke, and I", "Coconut Skins" se tocaron por este sendero de alto voltaje. Esta metamorfosis fascinante no sólo se da entre canciones, sino que puede producirse a velocidad de vértigo cuando el cantante empieza el tema al órgano para a los pocos minutos agarrar repentinamente la guitarra y poner al pabellón patas arriba.
El público adora a Damien Rice. Decía Janis Joplin que cada vez que se subía a un escenario hacía el amor con miles de personas a la vez. Rice, al menos, parece que se tira a alguna fan del sector femenino. Son las que confunden el placer con los gritos, dejándose la voz en el concierto, mostrando que son multiorgásmicas, cuando el resto preferiríamos que fueran en más de una ocasión sencillamente impotentes.
Aún con esa parte escandalosa de público, escuchar a Damien Rice en directo es una de las mejores propuestas del panorama musical actual. Una garantía este increíble irlandés.

De nuevo buena selección. Te hago una pregunta.
Que se cuece en el mundo digital en la calle de NY como nueva forma para comercializar la musica. Aquí nos hacemos una idea... pero que piensa la gente por ahi???
gracias. (Comment this)
En la calle, la gente ya no entiende la música si no es digitalizada. Internet es la herramienta de intercambio, como ya es sabido. El problema, en mi opinión, es que todo va tan rápido que nadie todavía lo tiene muy claro.
Lo último que hay por ahí son MP3 que llevan incorporada tu dirección de correo electrónico para intentar controlar tus movimientos por internet con la música. En fin, una estupidez.
Espero contestar a tu pregunta. (Comment this)
www.hardtimesarereal.blogia.com (Comment this)
Por cierto, tu blog de modesto no tiene nada. Hay música de todo tipo! Esa revisión a Whiskeytown me ha dejado sin aliento! (Comment this)
el famoso BAR EL IRLANDES
www.elirlandes.cl (Comment this)