Blank Generation
Fue el pasado mes de octubre cuando el legendario CBGB cerró sus puertas para siempre en la ciudad de Nueva York, tras 33 años localizado en el 315 de Bowery, en pleno corazón del East Village. Ahora, se lo han llevado a Las Vegas y lo único que queda del local en Manhattan es una tienda de venta de souvenir en Astor Place.
La primera vez que tuve la oportunidad de entrar al CBGB fue un día de diario a la hora de comer. Un hombre descargaba de un coche cajas de bebidas para ponerlas en la barra de dentro. Le pregunté si podía pasar y, como si fuera un amigo de toda la vida, me dijo: "Estás en tu casa" Pasear solo y en silencio por el CBGB era algo así como ver a Los Ramones vestidos de domingo. De extraño era incluso más fascinante.
Con apenas capacidad para 300 personas, ese local era estrecho como pocos con una larga barra a la derecha y un apretujado escenario al fondo. El CBGB guardaba un irrepetible muestrario de graffitis y pegatinas que cubría todo el garito de arriba a abajo. Tan famoso como su nombre eran sus baños, graffiteados a conciencia sin dejar un hueco a salvo. Esos retretes, rodeados de ese desorden colorido e ilustrativo, llegaron a convertirse en símbolo de la anarquía que reinó durante los años más locos del local. Cada grupo o cantante que pasaba por allí dejaba siempre su firma en la pared. No había impedimentos.
Por la noche, la sala siempre prendía fuego con dos o tres bandas programadas cada día. Algunas de ellas, todo sea dicho, dejaban mucho que desear. Pero al CBGB nadie le quitaba que fue cuna de la disidencia y la creatividad del punk primigenio nacido del espíritu neoyorkino de los setenta. Por su pequeño escenario pasaron Los Ramones, Patti Smith, Television, Blondie, Talking Heads o Dictators, entre otros. Todos se dieron a conocer de la mano de Hilly Kristal, dueño del CBGB y que programó conciertos que nada tenían que ver con sus gustos musicales orientados al country y bluegrass. Gracias a su permisividad, el rock volvió a insuflarse de vida. La escena neoyorkina estaba situada en mitad del mapa del nuevo rock y Malcolm McLaren, que gastó varias noches dentro del CBGB antes de viajar a Inglaterra, tomó buena nota para poner en marcha su proyecto más famoso: los Sex Pistols.
Dentro de ese impresionante y variopinto catálogo musical que produjo el CBGB, creo que es justo quedarse con un álbum no tan conocido como otros pero que dio nombre a aquel movimiento neoyorkino, Blank Generation (1977), de Richard Hell, ahora dado a periodista y novelista y que escribió en el New York Times que el cierre del CBGB era como haber perdido su "osito de peluche" En su disco, Hell, tras abandonar Television y los Heartbreakers y seguir en solitario con los Voidoids, hablaba de la generación vacía para referirse a ese caldo underground. Como sus compañeros de escenario, Hell resumía musicalmente influencias del garage de los sesenta, los primeros Stones y los Stooges, mientras descargaba con estribillos pegadizos y piezas urgentes reflexiones desarraigadas de esos años por las calles de la Gran Manzana. Era el sello que resumía un espíritu que ya con sus cosas buenas y malas era desenfadado en lo artístico y nihilista en lo social, y que terminaría por cobrar forma y conocerse como punk.

